El deseo bajo el peso de la lista interminable
Te sientas en el sofá, finalmente en silencio. Son las diez de la noche. El lavavajillas ya ha terminado su ciclo, la mochila de los niños está lista junto a la puerta y has respondido a los últimos correos que marcaron el final de tu jornada laboral. Tu pareja se acerca, quizás con una mano en el hombro, con esa intención de conectar que a ti, hoy, te resulta casi un ruido extraño. Te preguntas, con una punzada de angustia: ¿es que ya no siento nada? ¿he perdido la chispa que nos unía al principio?
La curiosidad nos invita a mirar más allá de la superficie. Quizá el deseo no se ha evaporado, sino que se ha visto desplazado por un exceso de gestión. En la vida adulta, el deseo requiere una energía mental que muchas veces gastamos antes de llegar al dormitorio.
La evidencia de la carga cotidiana
Es fundamental observar cómo el reparto de las responsabilidades domésticas interacciona con nuestra vida íntima. Investigaciones recientes han analizado cómo la percepción de una división injusta de las tareas domésticas puede actuar como una barrera. En estudios como el realizado por Harris, Gormezano y van Anders (Archives of Sexual Behavior, 2022), se observó una asociación entre una mayor proporción de trabajo doméstico y un menor deseo hacia la pareja. Lo interesante es que este descenso no ocurría en el vacío, sino que estaba mediado por factores críticos: percibir a la pareja como alguien dependiente o sentir que el reparto es inherentemente desigual. No se trata del acto de lavar los platos, sino de lo que ese acto significa para la autonomía y la valoración de la relación.
Una pregunta para ti
Si pudieras quitarte de encima una sola responsabilidad invisible esta semana, no una tarea física, sino una preocupación mental que solo tú gestionas, ¿cuál sería y qué espacio crees que dejaría libre en tu interior?
Es importante recordar que no estás rota ni has perdido una capacidad esencial. A veces, simplemente necesitamos que el escenario sea un poco más equilibrado para que la mujer que desea pueda volver a encontrarse con la mujer que sostiene el mundo. Tal como ocurre en las páginas de Grasa y Magnolias, a veces solo bajo la presión de las circunstancias, cuando la proximidad se vuelve inevitable y las defensas bajan, es cuando descubrimos que el deseo nunca se fue; solo estaba esperando un respiro para respirar de nuevo.
Fuentes consultadas
- Harris, Gormezano e van Anders (2022): desigualdad en el trabajo doméstico y deseo — Archives of Sexual Behavior
- Girouard et al. (2025): estrés diario y salud sexual en parejas — IJCHP
Contenido informativo; no sustituye orientación médica, psicológica o sexológica profesional.
