Llega el final del día y lo que más deseas es, precisamente, no tener que desear nada más. Tu cuerpo se siente pesado, casi hermético. Quizá te has dicho que eres 'fría' o que algo en tu mecanismo de conexión se ha roto porque no logras cambiar el chip al llegar a la habitación. Pero la biología tiene una explicación mucho más amable: el estado de alerta prolongado bloquea la apertura erótica.
El estudio de Girouard et al. (2025) sobre el estrés cotidiano en 229 parejas es fundamental aquí: cuando estamos en modo resolución de problemas, el sistema nervioso simpático está al mando. Para sentir deseo, el sistema parasimpático —el del descanso y la digestión— debe tomar el control. Si tu jornada ha sido una sucesión de alertas de correo, gestiones pendientes y demandas emocionales de otros, tu cuerpo no ha tenido permiso para bajar la guardia. No estás rota, simplemente estás agotada.
El deseo no es un botón que se enciende; es un estado que se habita cuando hay seguridad. Si el cuerpo siente que hay 'peligro' (incluso si el peligro es solo una lista de tareas infinita), se protegerá cerrándose. La elegancia de comprender esto es que te quita la carga de la culpa.
Una pregunta para ti
Si pudieras dedicar diez minutos hoy a simplemente existir sin resolver nada, sin optimizar tu tiempo, ¿cómo reaccionaría tu cuerpo a esa pausa?
Al reconocer que tu cuerpo está haciendo su trabajo de protegerte, puedes empezar a negociar con él, permitiéndote espacios de calma que no buscan resultados, sino simplemente el derecho a habitar tu propia piel con suavidad antes de buscar a otro.
Fuentes consultadas
Girouard, L. et al. (2025). Daily stress and relationship well-being. IJCHP, 229 participantes. DOI: 10.1016/j.ijchp.2025.100582. Nota: La investigación enfatiza la relación entre los niveles de cortisol por estrés y la reducción en la satisfacción sexual informada por las parejas.
