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Rencor de Loto

Cap. 1 de 20

Capítulo 1

Regreso Silencioso

Velvet Reels · Nuevo

Rechazo a 5 Alfas

Hace 10 años, Elara fue adoptada por el Alfa de la manada Stormfang para unirse a uno de sus 5 hijos. Pero los hermanos la traicionaron por los engaños de Jenny, una maliciosa sirvienta omega. En su fiesta de 18 años, Elara decide no callar más: rechaza públicamente a los 5 hermanos y anuncia su compromiso con el misterioso y poderoso príncipe lycan, Xavier Lockhart. Cuando los hermanos descubren la verdad e intentan recuperarla, ya es muy tarde. Elara ha encontrado en Xavier a su verdadera pareja, rompiendo su maldición mortal y dejando el pasado atrás.

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La niebla me reconoció antes que cualquier persona.

Se enredó en mis tobillos al bajar del vaporetto, espesa como un secreto que Venecia nunca quiso soltar, y yo la dejé hacer. Once años fuera. Once años practicando un nombre que no era mío frente a espejos de hoteles baratos, hasta que dejé de parpadear al oírlo.

—Elena Rossi —murmuré contra el cuello del abrigo.

La garganta lo aceptó. Bien. Alessia Ricci se había hundido con el palazzo de su familia, y yo había venido a recoger los escombros como un cuervo paciente.

El agua de la laguna golpeaba los pilotes podridos con un chapoteo grasiento, verde de algas y de invierno. Olía a salitre, a moho antiguo, a ese café cargado que vendían en los bácaros de Cannaregio donde nadie te mira dos veces. Crucé el primer puente arrastrando la maleta. Cada escalón de piedra estaba pulido por siglos de pies muertos, resbaladizo de humedad, y yo conocía cada uno aunque mi pasaporte jurara lo contrario.

El sottoportego se abrió como una boca negra entre dos casas inclinadas. Allí, al fondo, mi taller. El que había alquilado bajo el nombre falso, con dinero que tampoco era mío del todo. Empujé la puerta y el frío del horno apagado me recibió igual que un reproche.

Murano corría por mi sangre antes de correr por mi rabia. Mi padre soplaba vidrio como si rezara, dándole forma a la luz con los pulmones. Hasta que los Moretti compraron sus deudas, sus patentes, su nombre, y lo vendieron todo en una subasta donde mi padre asistió de pie al fondo, viendo desaparecer cuatro generaciones en doce minutos.

Murió ese mismo invierno. La niebla se lo llevó igual que ahora me rozaba la nuca.

Cerré los ojos.

*El relicario.* Lo único que salvé. Lo apreté bajo la blusa, frío contra el esternón, un loto grabado en plata ennegrecida. El escudo Ricci. Mi corazón latiendo contra el metal de los muertos.

—Te lo voy a devolver todo —le prometí al horno apagado—. Y luego se lo voy a quitar a él, pieza por pieza.

Dante Moretti. El nombre me sabía a ceniza. El heredero que firmó destinos sin levantar la vista del Patek Philippe. Lo había estudiado durante años: sus consejos de administración, sus fusiones quirúrgicas, su forma de devorar empresas como quien no se ensucia las manos porque tiene gente que las ensucie por él.

Yo iba a ser esa gente. Desde dentro.

Encendí la lámpara. El sobre estaba sobre la mesa de trabajo, entre las cañas de soplar y el polvo de cuarzo. Crema, grueso, sellado en cera roja. Nadie sabía que yo existía aquí. Nadie debería haber entrado.

Lo abrí con el cuchillo de cortar vidrio.

La caligrafía era impecable. Una invitación a la *Cena di Beneficenza per il Restauro del Palazzo Contarini*, gala de restauración patrimonial. La élite de Venecia reunida entre frescos desconchados y candelabros de Murano. Mi mundo robado, exhibido para los buitres que lo compraron.

Y en el reverso, escrito a mano:

*Su talento con el vidrio ha llamado la atención. Espero conocerla en persona. — D.M.*

Dejé de respirar.

No había enviado mi currículum a nadie. No había firmado nada con mi nombre nuevo más que el contrato del taller. ¿Cómo sabía él que yo existía? ¿Cómo *D.M.* —porque era él, tenía que ser él— había encontrado a Elena Rossi antes de que Elena Rossi deshiciera siquiera la maleta?

Una gota de humedad cayó del techo y reventó contra el papel, emborronando la tinta de su inicial.

Me reí. Bajo, ronco, sin alegría. La risa de alguien que llevaba once años esperando una puerta y acababa de encontrarla abierta de par en par, invitándola a entrar.

Él creía que me había encontrado.

No sabía que yo lo había estado cazando a él desde el otro lado del mundo.

Me acerqué el sobre a la cara. Olía a algo caro. Oud. Bergamota. Un rastro masculino, deliberado, que no debería haber sobrevivido al correo y sin embargo estaba ahí, impregnado en la fibra como si él mismo lo hubiera sostenido contra su pecho antes de sellarlo. El olor me bajó por la columna y se instaló en un lugar que llevaba años cerrado con llave.

Apreté los muslos sin querer.

Odié esa reacción más que a nada. Más que al palazzo perdido, más que a la subasta, más que a la tos de mi padre en aquel febrero. Porque significaba que él tenía poder sobre mi cuerpo antes de tener cara, antes de tener voz, antes de que yo pudiera defenderme con la rabia que había afilado durante una década.

*No es deseo,* me dije. *Es estrategia. Acercarse al fuego para apagarlo.*

Mentira. La piel no miente como la boca.

Guardé el relicario más adentro, contra la cicatriz invisible que tenía en el centro del pecho, donde antes vivía mi nombre verdadero. Fuera, un campanario lejano dio una hora que no conté. La niebla lamía el cristal de la ventana como una lengua paciente.

Volví a leer la nota. *Espero conocerla en persona.*

—Yo también, Dante —dije en voz alta, y mi voz sonó como la de Elena, suave, dulce, falsa hasta la médula—. No te imaginas cuánto.

Dejé caer la invitación sobre la mesa. La cera roja se había partido por la mitad, dos pedazos como un corazón abierto, y yo los miré sin pestañear mientras decidía qué vestido me pondría para empezar a destruir a un hombre.

El horno seguía frío.

Pero por primera vez en años, yo no.

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"Una invitación sellada con cera roja, firmada a mano por 'D.M.', la espera en su taller secreto antes de que nadie supiera que Elena Rossi existía: Dante Moretti la quiere conocer en persona en la gala del Palazzo Contarini."

Capítulo 1 terminado

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