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Dos Pieles en Turín

Dos Pieles en Turín

De día soy su inquilina. De noche, su perdición.

Romance Italiano32 capítulos
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Sinopsis

Firmé el contrato de alquiler con un nombre que casi era el mío. La otra mitad la dejé en Buenos Aires, junto a unas cenizas que nadie supo leer.

Luca Montero abrió la puerta del único departamento que pude pagar en San Salvario y supe que había elegido mal el escondite. Mandíbula de cincel, ojos castaños que no parpadean, voz baja que cronometra mentiras. Huele a tabaco negro y a roble, y debajo a algo metálico, como monedas viejas que pagan deudas que no se nombran. Mueve cargamentos por medio Mediterráneo y duerme tres horas porque su hermano menor no despertó nunca. No me toca. Me mira como si supiera exactamente qué versión de mí está hablando.

Una pared de yeso entre dos camas que apenas caben en sus cuartos. Una cocina donde no podemos cruzarnos sin rozarnos. Yo, partida en dos bocas: la educada de día y la que de noche pide cosas que me condenarían. Él, encerrado en una abstinencia que llama penitencia, convencido de que amar es arrastrar a alguien al fondo. Los Montero esconden un imperio dentro de sus viñedos, y las rutas que Luca controla son las mismas por las que viaja el expediente que podría hundirme. Cuando un incendio prende en el quinto piso, entiendo que el fuego del que huí aprendió mi dirección nueva, y que el único hombre capaz de mirarme entera sin apartar la vista también es el que tiene más razones para entregarme.

Puedo quedarme y dejar que me vea con las dos pieles puestas. O huir otra vez, intacta y sola, antes de que el humo nos delate. Una de las dos Lenas no sale viva de este invierno.

Ambientación

Turín, Piamonte, Italia — un departamento estrecho y antiguo en el quinto piso de un edificio de ladrillo visto en el barrio de San Salvario, con techos altos, ventanas que dan a la vía ferroviaria, una cocina minúscula donde dos cuerpos no caben sin rozarse, y una pared de yeso entre los dos dormitorios tan delgada que transmite cada suspiro. Afuera: el río Po de noche, los pórticos infinitos del centro, las colinas de la precollina donde los Montero tienen una casona cerrada con candado. Invierno piamontés: niebla constante, frío que obliga a compartir calefacción, amaneceres tardíos que alargan las noches.

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