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Clausura de Lirios

Clausura de Lirios

Me arrodillé a confesarme. Él temblaba más que yo.

romance_oscuro_taboo20 capítulos
#forced proximity#forbidden love#slow burn#priest romance#dark romance#touch her and die#virgin hero#who did this to you#there was only one wall
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Sinopsis

Me encerraron a los quince para arrancarme de raíz los deseos que mi madre llamaba veneno. A los veintiocho, el terremoto me dejó a solas con el único hombre que jamás debí desear: el fraile que vino a confesarme.

Aurelio Vesperia mide su vida en rosarios y latín susurrado. Metro ochenta y siete de sotana negra, mandíbula que aprieta cuando reza, ojos casi negros que sostienen sin parpadear porque aprendió a escuchar pecados ajenos para no nombrar los propios. Huele a copal, a vino de consagrar, a un hombre que a los dieciocho estuvo a un paso de quitarse la vida y construyó este voto como única red bajo sus pies. Cada vez que me mira más de la cuenta, sé que estoy cavando la grieta por donde va a caerse entero.

En Santa Brígida no hay señal, ni carretera, ni perdón. Solo claustros de cantera rosa donde nuestros pasos resuenan demasiado y un empresario que quiere fabricar un escándalo entre nosotros para quedarse con el convento, con las internas, con todo. Amarlo significa darles la bala que necesitan. Pero él es el primero que escucha mis historias sin querer corregirme, el primero que no me llama peligrosa cuando confieso lo que deseo. Yo, que sobreviví inventando vidas para no vivir la mía, descubro que su disciplina es del mismo material que mi vergüenza: miedo a no merecer ser amados sin castigo.

Tardó treinta noches en susurrar 'Dios me llama a amarte', en latín, contra mi sien. Y yo entendí que si la fe le falla esta vez, no hay red debajo —solo yo, que nunca aprendí a sostener a nadie sin romperlo primero.

Ambientación

Convento de Santa Brígida de los Cerros, un monasterio agustino del siglo XVIII reconvertido parcialmente en clínica de reposo psiquiátrico, enclavado en los cerros áridos de Álamos, Sonora, México. Claustros de cantera rosa, capilla con retablo barroco descascarado, huerta de limoneros, un aljibe seco, celdas con puertas de mezquite que no cierran bien. Calor de desierto de día, frío de sierra de noche. Sin señal celular. El terremoto obliga a la convivencia forzada entre el ala clínica y la comunidad religiosa. El aislamiento geográfico —dos horas de terracería hasta la carretera federal— convierte el convento en un mundo cerrado donde cada paso resuena en los corredores de piedra.

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